Almas
¿Dónde estás almita?
A veces te oigo pero no sé qué estás diciendo.
Tu susurro me emociona más que tu silencio.
Porque al oírte pienso en el momento de nuestro
encuentro.
Te añoro desde que me despierto hasta que me acuesto.
Y cuando miro al cielo, recuerdo tu susurro.
A veces siento mucho frio, pero el pensamiento me trae tu
calidez.
A veces siento calor, y tu recuerdo me trae la brisa.
Embriagada en mi propia ensoñación, entre nubes
borrascosas caigo cuando en la sangre se disuelve y pierde el efecto de mi
propia ilusión.
Yo ya quiero unirme a ti, y dejar de existir.
Mi alma gemela se presentó un día y me dijo:
-
Quiero jugar
contigo.
-
Guau –contesté
yo-. Llevo esperándote hace mucho tiempo,
aunque yo no lo sabía.
La temática de los juegos era tan diversos como colores
existen en este universo.
Poco a poco mi cuerpo se fue cubriendo del color de las
constelaciones.
Mi alma me enseñó a recuperar las ganas de
vivir, que no quiere decir recuperar el tiempo no vivido, a poder mirarme en un
espejo sin ver los defectos, y al mismo tiempo a mirarme frente al espejo
y preguntarme ¿Quién eres realmente?, a ver cada amanecer como una nueva vida
cargada de emociones, a tener mi espíritu libre a quererme y a odiarme al mismo
tiempo.
Cada dos pasos suyos, yo daba uno tras ella, y así poco a
poco se fueron separando nuestros caminos, perdí las huellas que dejaban sus
pasos y desapareció.
Gracias por hacerme experimentar cosas que nunca sentí.
Ahora veo las cosas, las experiencias, la vida de otra
manera, se quedó impregnada en mi alma parte de su esencia y perdurará por
siempre.
Y a veces me hago tantas preguntas sin respuesta que me
viene su recuerdo y me susurra…..sssshhhhh……hay cosas que no tienen respuesta,
solo SÉ, nada más.
Si, si, ya lo sé, tengo personas a mi alrededor que no me
reconocen, incluso me dicen que no les gusto, quiero pensar que esas
serán las personas que darán un paso tras de mí y con el tiempo nos perderemos,
aunque llegaran otras almas dispuestas plenamente a enseñarnos el
camino.
-
Te dejé con el
alma herida, y esa cicatriz no curara nunca, pero te veo descansar todas las
noches.
-
Perdóname,
nunca quise herirte. Cuando duermo paseas por mis sueños y descubro que pronto
curarás tus heridas.
-
Te quiero, y
solo mi alma lo sabe, siempre ha sido así, y siempre lo será.
-
Separados como
la luna y el sol, cuando tú te acercas a mi día yo desaparezco en tu oscuridad,
y así perduramos entrelazados y unidos en la separación.
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