martes, 8 de abril de 2014

Almas conocidas, compañeras, parecidas, - Otro yo - Pensamientos entrelazados


Almas

¿Dónde estás almita?
A veces te oigo pero no sé qué estás diciendo.
Tu susurro me emociona más que tu silencio.
Porque al oírte pienso en el momento de nuestro encuentro.
Te añoro desde que me despierto hasta que me acuesto.
Y cuando miro al cielo, recuerdo tu susurro.

A veces siento mucho frio, pero el pensamiento me trae tu calidez.
A veces siento calor, y tu recuerdo me trae la brisa.

Embriagada en mi propia ensoñación, entre nubes borrascosas caigo cuando en la sangre se disuelve y pierde el efecto de mi propia ilusión.

Yo ya quiero unirme a ti, y dejar de existir.

Mi alma gemela se presentó un día y me dijo:
 
-          Quiero jugar contigo.
-          Guau –contesté yo-. Llevo esperándote hace mucho tiempo, aunque yo no lo sabía.

La temática de los juegos era tan diversos como colores existen en este universo.
Poco a poco mi cuerpo se fue cubriendo del color de las constelaciones.

Mi alma me enseñó a recuperar las ganas de vivir, que no quiere decir recuperar el tiempo no vivido, a poder mirarme en un espejo sin ver los defectos, y al mismo tiempo a mirarme frente al  espejo y preguntarme ¿Quién eres realmente?, a ver cada amanecer como una nueva vida cargada de emociones, a tener mi espíritu libre a quererme y a odiarme al mismo tiempo.

Cada dos pasos suyos, yo daba uno tras ella, y así poco a poco se fueron separando nuestros caminos, perdí las huellas que dejaban sus pasos y desapareció.

Gracias por hacerme experimentar cosas que nunca sentí.

Ahora veo las cosas, las experiencias, la vida de otra manera, se quedó impregnada en mi alma parte de su esencia y perdurará por siempre.

Y a veces me hago tantas preguntas sin respuesta que me viene su recuerdo y me susurra…..sssshhhhh……hay cosas que no tienen respuesta, solo SÉ, nada más.

Si, si, ya lo sé, tengo personas a mi alrededor que no me reconocen, incluso me dicen que no les gusto, quiero pensar que esas serán las personas que darán un paso tras de mí y con el tiempo nos perderemos, aunque llegaran otras almas dispuestas plenamente a enseñarnos el camino.

-          Te dejé con el alma herida, y esa cicatriz no curara nunca, pero te veo descansar todas las noches.
-          Perdóname, nunca quise herirte. Cuando duermo paseas por mis sueños y descubro que pronto curarás tus heridas.
-          Te quiero, y solo mi alma lo sabe, siempre ha sido así, y siempre lo será.
-          Separados como la luna y el sol, cuando tú te acercas a mi día yo desaparezco en tu oscuridad, y así perduramos entrelazados y unidos en la separación.

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